¿De campo o de ciudad?

Hoy, como venimos haciendo los últimos días, hemos estado en el parque.

El calor se hace insoportable e ir al monte a pasear sólo se puede a las 9 de la mañana. A esas horas todavía no estamos preparados para salir. A veces porque el bollito 🥯 decide echarse una siesta, y otras veces porque sencillamente estamos todavía desayunando.

El parque

Así que el parque a la sombra es ideal, un plan perfecto de media mañana o mediodía. Primero los columpios🎡 y después al césped, a investigar las hojas marrones, amarillas, verdes🌱, rojas, los arbustos, los árboles🌳 y los bichillos🐞. Ojo, que hoy he visto una caca perruna🐩💩, o sea que siempre adelantándome a su paso, ¡no vaya a ser que nos pringuemos de heces malolientes!

La ciudad

Siempre fui una persona de ciudad🗽. El campo me resultaba incómodo, no lo soportaba. En el bullicio de las calles más urbanitas, me sentía en mi hábitat. Saber que lo tenía “todo” a mano, que no me perdería nada estando en el centro de la ciudad, me “tranquilizaba”.

En aquel momento además, el ruido mental era más evidente en la paz de la Naturaleza y eso me sobrepasaba.

El cambio

De alguna manera eso cambió. Empecé a sentirme diferente durante el embarazo. Ruidos, olores, luces, ESTRÉS. Y continuó igual después de dar a luz.

El campo

Fue el motor de trasladarnos a la Sierra, vivir cerca del campo. Con el monte a dos pasos, el aire infinitamente más limpio, ruido limitado y la luz de las estrellas y de la luna iluminando el cielo nocturno🌘🌠.

La cabeza

Fui entendiendo, poco a poco, que una persona con con mucho barullo en la cabeza, como soy yo, lo último que necesita es el follón en el ambiente. Pues con él solo consigo sobreestimular al cerebro. Con los consecuentes dolores de cabeza, cansancio crónico e incluso ansiedad.

¡Ay! Si yo hubiera sabido esto antes.

Y tú, ¿Cómo te sientes en el campo en comparación a la ciudad❔

¿Crisis u oportunidad?

¿Crisis u oportunidad de aprendizaje?

Necesitaba descansar

Veo esta foto de hace unos meses y parece que han pasado años. No hacía mucho que había dado a luz. Necesitaba estirarme y moverme, pero más que eso necesitaba dormir, descansar, desconectar. Lamentablemente no podía, mi recién nacido requería el 100% de mi tiempo.

¿Dónde está mi cuerpo?

Durante el embarazo entré en una crisis profesional. Mi cuerpo cambió radicalmente, ya no era mío, no lo sentía como antes del embarazo. Me habían dicho que a partir del segundo trimestre me sentiría de maravilla, con una energía tremenda. Nada más alejado de la realidad. Mis 40 semanas más 3 días de embarazo fueron una agonía, ¡me sentía enferma! Me ahogaba, no podía descansar porque respiraba con dificultad cuando estaba tumbada ¡Desde el primer trimestre! Además de tener náuseas hasta que di a luz. Y de que la cadera y el muslo derecho se me dormían…

El Yoga y el Pilates me hacían sentir peor físicamente, practiqué bastante poco.

Y después del parto he estado agotada hasta que decidimos que el pequeño durmiera en su habitación, hace poquito… Aunque ya no había náuseas, el malestar físico estaba justificado.

La crisis

Explico esto para entender y explicar por qué tuve una crisis profesional. Antes estaba convencida de que el Pilates y el Yoga eran las prácticas físicas más amables con los cuerpos y las personas. Y de que me ayudarían a estar mejor en esos momentos delicados de la mujer. Al ver que no era así me decepcionó enormemente, me vine abajo, ¡nada de lo aprendido me sirvió en la etapa más importante de mi vida! ¿¿¿Qué hacer con eso??? ¡¡¡No podía ignorarlo!!! Busqué a los mejores profesores internacionales de Pilates para que me guiaran en la práctica personal durante el postparto, pero las indicaciones que me dieron no estaban funcionando.

Yoga y pilates, por y para hombres.

En realidad tenía sentido, pues ni el Yoga ni el Pilates fueron creados por ni para mujeres, sino hombres. Por tanto, ambas disciplinas tienen beneficios maravillosos en cuanto al movimiento corporal, la postura y demás, cuando el cuerpo está “normal” o en todo caso con una disfunción mecánica-no hormonal. De hecho en Yoga los días más femeninos del mes no se practica (luna llena, luna nueva, menstruación, y primer trimestre de embarazo y postparto).

El caso es que hasta el momento me sentía poderosa con mis dos armas para afrontar la vida física en las mejores condiciones, y eso se me había desmontado.

¿Qué hacer a partir de ese momento?

Empecé a probar otros métodos especializados: hipopresivos, Transición al Deporte (fisioterapia), los Kegel recomendados por el ginecólogo de la Seguridad Social. Todos tenían sentido teórico, fue interesante probarlos, pero no estaban funcionando conmigo. La frustración empezaba a apoderarse de mí, tampoco estaba tan mal mi diástisis, y apenas tenía prolapso, ¿Por qué no estaba mejorando?

Indagando por internet – bendito San Guguel😎-, encontré un programa de entrenamiento diferente a los que había probado, eso por una parte; también di con una corredora olímpica que había pasado por lo mismo y le contacté por Instagram para preguntarle cómo había conseguido recuperar la forma, y más todavía, ¡cómo logró retomar su carrera de atleta! Me dio el contacto de su Entrenadora Personal y concerté una primera sesión.

Ambas opciones proporcionaban resultados reales, de mujeres deportistas, y no es de extrañar que por fin algo estaba despertando en mi musculatura más profunda. No me lo podía creer, desde la primera semana ya notaba sensaciones de recuperación. Más que en 12 meses de búsqueda anterior.

¿Me lo quedo para mí sola? Conclusión:

Esto tenía que trasladarlo a mi trabajo. No podía hacer como si nada, y la única forma era ofrecer mi ayuda, a mujeres que estuvieran pasando por esto.

Hice un curso de formación con una de las personas que me estaba ayudando en mi proceso y en ese punto me encuentro hoy. A mitad del camino de mi propia sanación, habiendo concluido los estudios específicos en esta materia y 5 mujeres maravillosas de mi vida, esperando a que les haga un programa personalizado para la recuperación física del parto. Según resulte esta prueba, pondré al servicio de todas las mujeres que así lo deseen, esta experiencia personal.

Hay profesionales de la salud y de la Educación Física estupendos aquí en nuestro país, pero no he tenido la suerte de conocerlos o he conocido alguno, pero no han conseguido solucionar mi caso. Por eso, según concluya mi investigación experiencial, compartiré está información con las muejeres, ¡o no! Como he dicho, todo depende de los resultados.

María Martín